El Pirineo perdido

Comenzamos el viaje en la población de Berga, adonde llegamos dispuestos a vivir una de las fiestas más espectaculares de Cataluña: La Patum. Su ritual de fuego, ritmo y movimiento se repite año tras año durante la semana de Corpus, entre los meses de mayo y junio, en función del año. Declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es un testimonio vivo de las antiguas representaciones de teatro medieval y aglutina diferentes tradiciones centenarias que reinterpreta año tras año. Dicen los habitantes de Berga que para entender La Patum hay que vivirla. Solo así descubriremos la fiesta del fuego, de la música y el baile, de los rituales y la diversión, de los sentidos y los sentimientos.

Después de una fiesta que acaba de madrugada necesitamos un buen desayuno «de tenedor» típico de estas tierras, a base de pan con tomate, embutidos y carne a la brasa. Con las energías renovadas continuamos nuestro viaje en busca de los paisajes, las tradiciones y las costumbres más auténticas de los Pirineos. Visitamos los pueblos que rodean el Pedraforca, una de las montañas más míticas del país, y nos detenemos en Gósol, localidad que inspiró algunos cuadros de Pablo Picasso, que pasó allí unos meses en 1906. La próxima parada es Castellar de n’Hug, punto de partida de una caminata hasta el nacimiento del río Llobregat, donde el agua brota con fuerza formando diferentes cascadas a lo largo del camino. A continuación, en La Pobla de Lillet visitamos los jardines Artigas, diseñados por otro ilustre artista: Antoni Gaudí. 

Comenzamos un nuevo día en un gran valle rodeado de prados de un color verde intenso donde pastan vacas y caballos. Estamos en la Cerdanya, uno de los valles más extensos de Europa, conocido en todo el mundo por sus paisajes bucólicos, sus pueblos encantadores, sus pistas de esquí o el famoso trinxat, un plato que se ha hecho toda la vida en los pueblos y en las masías, a base de col, patata y tocino. Conducimos hasta Puigcerdà y pasamos a Francia, pero solo para recorrer siete kilómetros en territorio francés hasta llegar a Llívia, municipio que, a pesar de estar rodeado de tierras francesas, es parte de Cataluña. Esta curiosidad geográfica se debe a un hecho ocurrido hace ya más de 350 años, el Tratado de los Pirineos (1659), por el cual Cataluña tuvo que ceder a Francia parte de su territorio. En Llívia paseamos por el centro histórico y visitamos el museo de la Farmacia Esteva, una de las más antiguas de Europa, fundada probablemente a principios del siglo xv, aunque no está documentada hasta el 1594. No nos vamos sin hacer la fotografía de rigor a la increíble colección de tarros azules, unos recipientes de cerámica vidriada que antiguamente se usaban para guardar los medicamentos.

Volvemos a Cataluña para atravesar la Cerdanya y plantarnos al pie de la sierra del Cadí. Aquí descubrimos los oficios tradicionales recorriendo la Ruta de los Oficios Antiguos del Alt Urgell, la cual, a través de nueve museos situados en diferentes pueblos, nos muestra cómo eran las antiguas profesiones —almadieros, recolectoras de plantas medicinales, pastores o harineros— y cómo han evolucionado. El itinerario nos permite también viajar por el territorio fuera de los circuitos turísticos convencionales, explorando cada rincón y conociendo su historia. Durante el recorrido tenemos ocasión de visitar grandes monumentos, como la catedral de La Seu d’Urgell, y de hacer parada en algún restaurante de la zona para probar la gastronomía de montaña: ternera de los Pirineos, caza, setas, quesos de vaca y de oveja, embutidos, etc., todo cocinado a fuego lento, siguiendo las recetas de toda la vida o añadiendo el toque creativo de cada casa. 

Continuamos recorriendo montañas y valles para acabar este viaje disfrutando de uno de los últimos paraísos rurales del país, la comarca del Solsonès, una zona denominada popularmente la comarca de las mil masías, muchas de las cuales fueron construidas entre los siglos xv y xviii y se han convertido actualmente en acogedores establecimientos de turismo rural. Nos dejamos seducir por el patrimonio de la comarca en las calles del centro histórico de Solsona, la población más grande de la zona, o en los pueblos, donde es posible encontrar auténticas joyas del románico, el gótico, el barroco y el modernismo, e incluso del Neolítico. Nos abandonamos también al placer del silencio y la calma, de los paseos por los bosques y de las excursiones sin prisas en torno a los ríos, los embalses y las montañas de los alrededores.