Celebramos la personalidad

Costumbres y tradiciones se aúnan siguiendo el ciclo de las estaciones en una expresión de cultura viva, repleta de leyendas, gastronomía, bailes, canciones y fiestas populares. Coincidiendo con los solsticios y los equinoccios, los distintos encuentros, actos festivos y romerías o aplecs, ya sean de tipo religioso o vinculados a antiguas tradiciones paganas, han ido dotando a los pueblos pirenaicos de su idiosincrasia y de un carácter propio.

Sardanas, verbenas, gigantes, grupos de diables, espectáculos infantiles y almuerzos populares son la excusa ideal para la fiesta y el encuentro familiar.

Desde las chispas y la pólvora de La Patum de Berga -fiesta centenaria declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO-, la Crema (`Quema’) d’Eth Haro de Les y Arties o las Fallas de la Alta Ribagorça, por San Juan... hasta la algazara del Carnaval de Solsona; el descenso de raiers (o almadieros) por el Noguera Pallaresa; los concursos de pastor catalán de Llavorsí, Ribes de Freser y Castellar de n’Hug; las Fiestas del Tura, en Olot, y el Casament a Pagès, de Ripoll, entre muchas otras festividades.

De carácter sobrio y trabajador en la vida cotidiana, pero entusiastas y acogedores en la fiesta, los Pirineos son un espacio lleno de tradiciones y la esencia de la vida rural auténtica.